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Publicado el

27 de Septiembre de 2015

Temática

Foto: AgenciaUno, La Tercera
Foto: AgenciaUno, La Tercera

Estudio de la U. de Valparaíso señala además que un 12,3% suprime hidratos de carbono junto a otros alimentos. Y 31% hace ayuno con frecuencia.

Un estudio de las Escuelas de Medicina y de Psicología de la U. de Valparaíso, analizó a 439 niñas de entre 11 y 15 años, y de ellas, 189 (43%) reconocieron haber realizado alguna vez una dieta sin supervisión médica.

Además, 47% de las adolescentes de la muestra mantuvieron dietas de más de 42 días al año. Peor aún, el 12,3% suprimió un grupo esencial de alimentos, además de los hidratos de carbono y un 31% incorporó el ayuno como una práctica sistemática.

“Se saltaban dos o tres comidas al día, por más de seis meses. Estas niñas no estaban en tratamiento, pero presentaban un trastorno alimentario clínico inadvertido. Las chicas que tenían ayuno, muchas hacían otro tipo de conductas como vómitos auto inducidos”, advierte Liliana Contreras, directora del Departamento de Humanidades Medicas de la Escuela de Medicina de la U. de Valparaíso, autora del estudio.

Además, detectaron que habían adolescentes que realizaban dietas desde los siete años. “A simple vista no se ven con trastornos alimentarios, tienen un buen peso, pero hacen dietas con efecto rebote. Eso les produce descalabros con la alimentación y empiezan a tener cada vez más riesgos y se les va de las manos”, dice Contreras. 

Javier Morán, psicólogo de la U. de de Valparaíso, participó en el estudio, e indica que para muchas adolescentes la dieta se transforma en una estrategia que les permite a través de la disminución de peso acercarse a un ideal de belleza. “Visto así, la dieta no busca por sí misma la pérdida de peso, sino más bien, acercarse a un estereotipo. Este no es un tema de salud para las adolescentes, sino más bien de ‘deber ser’”, aclara. 

Concepto que va asociado a un ideal de delgadez, agrega Morán, que se aprende primero a través de la familia, y durante la adolescencia, con más fuerza a través de los pares y los medios de comunicación. 

Para las adolescentes, dice el psicólogo, la familia tiene un efecto muy importante sobre cómo forman la imagen de quiénes son. “La imagen corporal es sólo una parte de esto y se comienza a desarrollar desde los primeros años de vida a través de nuestras relaciones de apego”. 

Y si bien no hay recetas, aclara, se ha visto que las familias que creen que ocupan un rol importante en el desarrollo psicológico de sus hijas, que usan un lenguaje emocional y promueven la reflexión por sobre la imposición de ideas, las ayudan. “Eso favorece que logren pensar de manera más crítica de quiénes son y qué quieren y por lo tanto adquieren mayor seguridad”.

Publicado en: 
La Tercera por Paulina Sepúlveda