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Publicado el

09 de Noviembre de 2015

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Infografía: El Mercurio
Infografía: El Mercurio

Un tercio de nuestra vida transcurre durmiendo. O, al menos, así debería ser. Sin embargo, el ritmo de vida actual, la exigencia laboral, el estrés o diversas condiciones de salud muchas veces atentan con el sueño, con consecuencias que cada vez se conocen mejor.

Aparte de la creciente evidencia de que la falta de sueño aumenta el riesgo de accidentes laborales, deterioro cognitivo, desórdenes del ánimo y obesidad, la semana pasada dos estudios dieron cuenta de otros riesgos de no dormir lo suficiente.

Investigadores del Campus Médico Anschutz, de la U. de Colorado y de la U. de Colorado Boulder, detectaron que la falta de sueño reduce la sensibilidad del organismo a la insulina, afectando su habilidad de regular la glicemia, y, por lo tanto, aumentando el riesgo de diabetes.

Este efecto fue detectable en solo cinco días, en sujetos que habían dormido cinco horas diarias. Al dormir durante nueve horas, su sensibilidad a la insulina volvió al nivel normal.

"Hallamos que cuando las personas duermen muy poco, están despiertas cuando su reloj biológico les dice que debieran estar durmiendo, de manera que cuando comen algo en la mañana, se afecta su habilidad de regular sus niveles de glicemia", explicó el doctor Kenneth Wright, autor del estudio.

El año pasado, el mismo equipo demostró que la falta de sueño también aumenta el riesgo de obesidad. "Aunque el mecanismo exacto es desconocido, es claro que la falta de sueño causa estrés metabólico", señaló Robert Eckel, endocrinólogo y coautor de la investigación.

En otro estudio, presentado la semana pasada en el congreso de la Sociedad Estadounidense de Nefrología (ASN), investigadores revelaron que, tras analizar a 4.238 participantes del Estudio de Salud de las Enfermeras al menos dos veces en 11 años, determinaron que aquellas que dormían menos mostraban un deterioro más rápido en su función renal. Y se llegaba a una probabilidad 65% mayor entre las que dormían cinco horas por noche en comparación con quienes lo hacían 7 u 8 horas.

Regularidad

El doctor Patricio Peirano, neurólogo del Centro de Medicina del Sueño de la Clínica Indisa e investigador del INTA -donde ha estudiado la interacción entre sueño y nutrición- destaca que no solo es relevante la cantidad de horas que se duermen, sino también la regularidad del sueño. Se aconseja que no haya especial diferencia entre días de semana y fines de semana.

"El mecanismo de extensión y restricción de sueño es un factor que puede alterar el metabolismo de los hidratos de carbono, de los ácidos grasos y la cascada inflamatoria", explica.

De ahí que dormir bien sea clave para el organismo. "Durante las horas de sueño el cuerpo entra en un proceso que no se puede reproducir en ningún otro estado funcional del organismo", señala el doctor Leonardo Serra, neurólogo del Centro del Sueño de Clínica Alemana.

La razón, agrega, es que "hay procesos asociados con el ritmo circadiano que solo se producen al dormir. Si nos saltamos horas de sueño, privamos al organismo de procesos rutinarios relacionados con la secreción de hormonas".

Esto incluye hormonas tiroideas, insulina, leptina y grelina, que regulan el apetito y la distribución de la grasa corporal.

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El Mercurio por Paula Leighton