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Publicado el

08 de Julio de 2015

Temática

La autoridad asegura que con la legalización del autocultivo, el uso puede llegar al nivel del alcohol y tabaco. Advierte que pueden empezar a ocurrir accidentes por embriaguez cannábica, como en Colorado, Estados Unidos.

Mientras el proyecto que despenaliza el autocultivo de marihuana y permite su consumo privado con fines medicinales y recreativos avanza en el Congreso, desde el Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (Senda), entidad dependiente del Ministerio del Interior, aseguran que la iniciativa que no es apoyada por el Ejecutivo, no trae nada bueno. “En Chile el consumo de marihuana es alto y tenemos que reducirlo. Por ello, todo lo que aumente la disponibilidad,  se traduce irremediablemente en más consumo”, aseguró Mariano Montenegro, director del organismo, quien estimó que el uso de esta sustancia podría llegar a los niveles del alcohol y el tabaco.

¿Creen que despenalizando el autocultivo se eliminan los focos de ilegalidad y los problemas de microtráfico?

Eso es una hipótesis. Es lo que dice una de las apuestas, pero lo que ha pasado en Colorado (estado de EE.UU.) es todo lo contrario: siguen comprando a los dealers en un 75% y subió el consumo en adolescentes, la tasa de accidentes por embriaguez cannábica y la criminalidad. Además, se recaudó un tercio de los impuestos que pensaron que iban a recaudar con la legalización. La verdad es que el problema de la marihuana en Chile es el consumo, no el tráfico ni el delito. Toda la política pública debe ser dirigida a reducir el consumo y este proyecto no contribuye a eso. 

¿Qué tanto se consume en Chile?

El 60% de los adolescentes que tenemos en tratamiento en Chile es por marihuana y entre los adultos es el 25%. En el otro 75% en tratamiento, que es principalmente cocaína y pasta base, lo acompaña casi en un 80% la marihuana como segunda droga. Es decir, la marihuana genera pacientes y el Estado está gastando más de $ 40 mil millones en tratar de rehabilitar personas con consumo problemático. Esto no ayuda, va en la dirección contraria.

¿Cómo creen que las conductas o hábitos pueden cambiar?

Tememos profundamente que se dispare el consumo, porque la curva ya está alta. Lo que empieza a pasar es que a la gente le va a costar entender que el Parlamento quiera más plantas y más disponibilidad de marihuana en las calles, porque, ¿quién controla las plantaciones, quién controla las seis plantas, quién dice que va a haber seis y no 10, 12, 25 ó 200. El nivel de control y fiscalización nuestro es bajo, tenemos dos sustancias, el alcohol y el tabaco, que son legales y que han provocado estragos en nuestra sociedad y por lo tanto hemos ido en el camino hacia la restricción, pero todavía no hemos sido capaces de controlarlas bien, porque están absolutamente disponibles. ¿Queremos que con marihuana pase lo mismo que con alcohol y tabaco? La gran amenaza es que nos vayamos hacia el escenario del alcohol y el tabaco, donde tenemos una triste historia y lamentables resultados.

¿Trabajando con prevención en edades tempranas no funcionaría?

Hay que hacerlo sí o sí, pero nada compite con un fácil acceso. Si usted ve el tabaco y el alcohol, podemos trabajar enormemente en percepción de riesgo y prevención, pero si el acceso es fácil no logramos impactar lo que quisiéramos. Por eso las estrategias con alcohol y con tabaco que hacen reducciones son serias: aumento de impuestos serios, horarios y puntos de venta restringidos, fiscalización seria al expendio hacia menores, control absoluto a la conducción. Por eso el acceso es uno de los aspectos fundamentales para reducir el consumo, muchísimo más potente que sólo la percepción de riesgo. Tener una disponibilidad de esta envergadura es tremendamente riesgoso, especialmente en niños y adolescentes vulnerables, porque las drogas profundizan las inequidades. 

¿Cuál cree que es la población en mayor riesgo?

Con una disponibilidad de esta envergadura que se está abriendo, es especialmente riesgoso para niños y adolescentes vulnerables. Esta política además no favorece a los más postergados, porque cuando uno instala drogas, incluso alcohol y también la marihuana en poblaciones vulnerables, les restringe mucho las oportunidades. La gente se deteriora con mucha más facilidad, se hace adicta con mucha más facilidad y se arruina mucho más.

¿Por qué? 

La inequidad es brutal. Esto no es Suecia y los suecos incluso son mucho más firmes que nosotros en esto y cuidan mucho más a su población. Tenemos una inequidad tan brutal que esto sólo la va a profundizar. Queremos hacer una reforma educacional magnífica, pero si tenemos uno de cada tres estudiantes con consumo de cannabis les va a costar aprender.

Publicado en: 
La Tercera