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Publicado el

29 de Julio de 2015

Temática

Foto: Bajo licencia Creative Commos, www.canalnuestratele.com
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Investigadores canadienses demostraron que el estrés infantil cambia el contenido de estos gérmenes, facilitando la aparición de ansiedad y depresión. 

La influencia de las bacterias digestivas en la salud de las personas sigue atrayendo la atención de los investigadores.

Ahora, un estudio de la Universidad de McMaster, en Canadá, reveló que las situaciones estresantes de la infancia producen cambios en las bacterias intestinales, lo que facilita en el futuro la aparición de ansiedad y depresión.

El estudio confirmó que existe un verdadero diálogo entre los gérmenes intestinales y el huésped, y sus cambios pueden tener profundos efectos en el comportamiento cuando se es adulto. Los resultados de este experimento, que se hizo con ratones, se publican en la revista Nature Communications.

En tanto, otro trabajo de la Universidad de Calgary, también canadiense, demuestra que al dar bacterias "buenas" o probióticos a ratones con enfermedades inflamatorias crónicas -como artritis o colon irritable- y que están desanimados y tienden a aislarse, se mejoran sus conductas. No solo sociabilizan más, sino que se reducen los marcadores de inflamación en su cerebro. Esto indica que las bacterias digestivas se podrían manipular con probióticos para mejorar el ánimo. Este estudio, por su parte, se publica en la revista Neuroscience.

Eje cerebro-intestinal

"Ambos trabajos agregan evidencia en favor de la existencia de un verdadero eje cerebro-intestinal, concepto que ha cobrado fuerza en los últimos años", dice el doctor Gonzalo Osorio, académico del Programa de Microbiología y Micología de la Facultad de Medicina de la U. de Chile. Incluso los investigadores creen que los cambios en la composición de las bacterias digestivas influyen en los genes que se encienden o apagan en ciertas áreas del cerebro, lo que produce cambios en el sistema nervioso y en las conductas de las personas.

"Hemos demostrado por primera vez en un modelo en ratón para ansiedad y depresión que las bacterias juegan un rol crucial en inducir estos comportamientos anormales", dice el doctor Premysl Bercik, autor del trabajo y profesor de gastroenterología en la Escuela de Medicina de McMaster.

En el estudio, los investigadores sometieron a ratones de entre 3 y 21 días de vida a un estrés temprano, al separarlos por tres horas diarias de sus madres, para luego dejarlos nuevamente con ellas.

Los ratones al crecer presentaron ansiedad y depresión, y tenían niveles altos de la hormona del estrés corticosterona.

"Estamos empezando a entender los complejos mecanismos de la relación entre estas bacterias y el sistema nervioso. Nuestros datos dicen que pequeños cambios en estos gérmenes o en su actividad metabólica a raíz de un estrés neonatal pueden tener profundos efectos en las conductas cuando adulto", agrega Bercik.

La forma de resolver esto se encuentra en la investigación del grupo de Calgary, en que al dar determinado probiótico a los ratones logran sacarlos de su retraimiento y conducta depresiva, logrando que sociabilicen. "Esto demuestra que las bacterias intestinales no solo se pueden manipular para mejorar la inmunidad de alguien, sino también para influir en sus circuitos cerebrales y modificar su comportamiento", explica Keith Kelley, profesor de inmunofisiología de la Universidad de Illinois.

Según el profesor Guillermo Figueroa, jefe del Laboratorio de Microbiología y Probióticos del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA) de la U. de Chile, "la influencia de las bacterias digestivas en el sistema nervioso y en los comportamientos es algo que también se ha comprobado en las personas". En su opinión, estamos ante un tema que concentra cada día más investigación por sus implicancias futuras.

Publicado en: 
El Mercurio por Sebastián Urbina