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Publicado el

03 de Mayo de 2016

Temática

Foto: Doumatox / El Mercurio
Foto: Doumatox / El Mercurio

Imagine tomar una taza de café con una cucharadita de azúcar en lugar de dos, pero con el mismo sabor y sin percibir la diferencia. Eso es lo que promete una empresa israelí, que ha desarrollado una novedosa tecnología, que permitirá una reducción de entre el 30% al 60% de azúcar en un producto, pero sin alterar su sabor.

Este "superazúcar", como lo han llamado, funciona a través de un engaño: se genera mediante la modificación de la forma en que las moléculas del producto interactúan con los receptores del sabor dulce en la lengua.

"Lo que hemos hecho es recubrir unas partículas minerales con sacarosa o glucosa, que al entrar en contacto con los receptores del azúcar descargan el dulce y hacen creer que su cantidad es mayor. Básicamente, engañamos a los receptores", explicó a EFE Eran Baniel, director ejecutivo de la compañía DouxMatok.

Con sede en la localidad de Petaj Tikva, próxima a Tel Aviv, la compañía ganó recientemente el premio a la Mejor Empresa en el Agravest 2015, una conferencia anual que organiza todos los años el Ministerio de Economía de Israel para fomentar la investigación en el sector de la alimentación.

Según Baniel, esta tecnología facilitará una reducción considerable de la cantidad de azúcar que emplea la población en su dieta. Esto no solo sería beneficioso para la salud de los consumidores, sino que también reduciría los costos de fabricación, al disminuir la cantidad de materias primas requeridas para endulzar y, por tanto, tendría un precio similar o incluso menor al del azúcar tradicional.

El producto podría ser útil, incluso, en la industria farmacéutica, donde los jarabes infantiles y múltiples medicamentos incluyen este elemento.

"Consumimos grandes cantidades de azúcares, como en alimentos envasados y refrescos cola, y gran parte del azúcar no llega ni siquiera a los receptores, puesto que pasa directamente de la boca al estómago", advierte el investigador.

Con las partículas que emplea esta tecnología, cuyo uso está autorizado en alimentación, se reduce considerablemente tanto el azúcar que entra en contacto con los receptores de la lengua como el que finalmente digerimos.

Publicado en: 
Vida, Ciencia y Tecnología, El Mercurio