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Publicado el

30 de Septiembre de 2015

Temática

Foto: Rubén García Blanco, El Mercurio
Foto: Rubén García Blanco, El Mercurio

A pesar de los avances en medicina, un nuevo estudio muestra que más personas están muriendo a causa de enfermedades cardíacas y ataques cerebrales: si la tendencia continúa, las muertes prematuras asociadas a estas patologías pasarán de 5,9 millones a 7,8 millones en apenas una década.

Si bien este panorama se asocia a que la población está envejeciendo, la prevalencia de problemas como la hipertensión, el tabaquismo, la diabetes y la obesidad son los principales responsables de un futuro poco auspicioso, según el estudio Carga Mundial de Enfermedad, un compendio estadístico que incluye datos de 188 países y que ha sido elaborado por el Instituto de Evaluación y Métricas de Salud (IHME, su sigla en inglés), de la Universidad de Washington.

Los resultados, publicados ayer en la revista Circulation, muestran que de no llevar a cabo intervenciones para frenar esas patologías, muchos de los países miembros de Naciones Unidas no cumplirán con la meta de reducir en 25% las muertes prematuras por causas cardiovasculares hacia el año 2025.

Incluso, el número de muertes por esta causa aumentarán en muchos países de África, Europa Occidental y Asia Central. En otros, como EE.UU., Brasil y Sudáfrica, habrá una reducción, pero insuficiente para alcanzar la meta.

Prevención

Para alcanzar aquel objetivo, "necesitamos enfocarnos en los principales factores de riesgo en cada país; eso implica una nutrición más saludable, más ejercicio, eliminar el tabaco y reducir el consumo de alcohol", dice el doctor Gregory Roth, uno de los autores del trabajo.

A través de proyecciones, los investigadores determinaron diversos escenarios para los próximos diez años. Por ejemplo, reducir la prevalencia de hipertensión tendría el mayor impacto en disminuir las muertes prematuras a nivel global. Para un grupo de naciones, como EE.UU., Canadá y Australia, así como en Japón y muchos países de América Latina, reducir la obesidad ofrecería mejores resultados.

El control del tabaco, en tanto, tendría mejores repercusiones en países del Medio Oriente y el norte de África.

"Los países necesitan establecer políticas enfocadas tanto en la prevención como en el tratamiento de las enfermedades cardiovasculares", opina el doctor Christopher Murray, director del IHME. Si se consigue controlar todos los factores de riesgo en una década, sería posible reducir en más de dos millones las muertes asociadas.

Publicado en: 
El Mercurio