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Publicado el

23 de Agosto de 2015
Foto: Chile Vive Sano
Foto: Chile Vive Sano

Incluso en invierno y en espacios reducidos es posible sacar ventaja de la naturaleza, cuya presencia se ha comprobado que ayuda a la memoria y al procesamiento de información. 

Cuando se trata de aprender sobre insectos, los alumnos del Jardín Infantil Amapolas (Ñuñoa) no solo pintan dibujos ni se quedan con las historias que les cuentan sus profesoras. Para relacionarse con el tema, los niños meten las manos entre restos orgánicos donde viven cientos de lombrices, se preocupan de regar plantas que atraen mariposas y están conscientes de que entremedio de la huerta que mantienen es probable que encuentren chinitas.

"Se trabaja mucho con el tema de los sentidos. Está inmersa la idea de oler flores, escuchar el canto de los pájaros y estar en permanente contacto con la tierra. Estos son niños que no tienen miedo de tomar el chanchito de tierra; se han acostumbrado a tratar a los insectos con respeto y sin temor", explica Josefina Prieto, directora del programa Naturalizar Educativamente que lleva a cabo la Fundación Ilumina.

La iniciativa consiste en transformar el espacio exterior de distintos jardines infantiles, potenciando -a través de un equipo de educadoras y paisajistas- la enseñanza al aire libre: en los 19 establecimientos de Santiago que han sido intervenidos se cuenta con invernaderos, troncos que se usan como sillas y casas de pájaros creadas todas manualmente.

"Esto va más allá de una cosa estética. Se sabe que el déficit de atención se reduce cuando los niños y jóvenes tienen la posibilidad de tener contacto con el exterior. También hay evidencia sólida en torno a que los espacios verdes reducen la agresión entre compañeros", comenta Nilda Cosco, parte del equipo académico del Natural Learning Initiative, proyecto de la escuela de Diseño de la U. de North Carolina (Estados Unidos) que, entre otras cosas, busca crear conciencia en torno a la importancia de generar áreas naturales en lugares de aprendizaje.

Invitada a Chile por la Fundación Ilumina y la Fundación Ibáñez Atkinson, Cosco y su colega Robin Moore explicaron que para hacerlo no es necesario contar con grandes recursos: semillas y maceteros -que los mismos niños pueden construir- son un primer paso.

En invierno y ante el riesgo de lluvias, es útil trabajar con almácigos.

"Está comprobado que la naturaleza ayuda a dejar el estrés de lado, lo que siempre es útil en una sala de clases. En ese sentido, preocuparse de volver más verde el ambiente es muy costoefectivo", indica Moore.

Catalizador

Según datos recopilados por el Centro de Investigación en Epidemiología Ambiental de España (CREAL), contar con zonas verdes ayuda a mejorar el desarrollo cognitivo en 5%.

En la práctica, esto se traduce en una mayor puntuación en tareas relacionadas con la memoria y la capacidad de procesar información de los niños, publicó en junio la revista Proceedings of the National Academy of Sciences. Para llegar a estos resultados, por un año y cada tres meses, realizaron pruebas de memoria a 2 mil 600 niños de educación básica.

"Nuestras observaciones nos permiten concluir sobre la capacidad de los espacios verdes de ayudar: reducen la exposición al ruido, aumentan la actividad física y realzan los encuentros sociales", indica a "El Mercurio" Payam Dadvand, parte del equipo de investigadores de CREAL.

En el caso de las construcciones en altura o los colegios y jardines infantiles donde predomina el cemento, es importante fijarse en que existan plazas alrededor, dice Dadvand.

"En nuestro estudio medimos la cantidad de verde dentro de los colegios y 50 metros a su alrededor. En ambos casos, cuando (pasto, árboles y plantas) estaban presentes, notamos beneficios -explica-. Basándonos en estos resultados, creemos que cuando se vuelve difícil aumentar las áreas verdes dentro de los establecimientos académicos, es importante instalarse cerca de espacios donde sí estén habilitadas estas áreas".

Es útil que los apoderados estén al tanto de esto, dice Nilda Cosco, quien resalta la necesidad de que exista acceso a este tipo de ambientes desde prebásica.

"Cualidades como el respeto y el compartir con otros son cosas que se asientan desde niños. La naturaleza actúa como un catalizador", concluye.

Publicado en: 
El Mercurio por Margherita Cordano