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Publicado el

10 de Enero de 2017

Temática

Bajo licencia Creative Commons / www.eltercerbrazo.com
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Un kilo de nuestro peso total corresponde a microorganismos que habitan en los intestinos. Es justamente ese kilo que no sería buena idea bajar y el que en los últimos años ha atraído la atención de investigadores interesados en el enorme potencial de esta poderosa flora que compone nuestro microbioma.

Cada vez existe más evidencia de que su composición es clave para una buena salud. Mientras más diversa, mejor. A la inversa, una flora empobrecida o alterada es un potencial enemigo.

"Su alteración no solo tiene un rol en enfermedades autoinmunes, esclerosis múltiple, autismo, obesidad o síndrome de colon irritable. También hemos descubierto que una comunicación adecuada y eficiente entre las bacterias intestinales y las neuronas en nuestro cerebro es esencial para el correcto funcionamiento del sistema nervioso", afirmó John Cryan, neurocientífico de la U. Nacional de Irlanda e investigador del Centro Alimentario Farmabiótico de ese país.

Acelerado e inquieto, ayer durante el panel "Bacterias, ¿enemigas o aliadas?", del Congreso Futuro, Cryan resumió algunos de los hallazgos más recientes e intrigantes en el área de las bacterias aliadas del humano.

Deme un psicobiótico

En 2013, Cryan y sus colegas demostraron que el estrés en las primeras etapas de la vida causa alteraciones a largo plazo en el microbioma, haciendo que el individuo sobrerreaccione ante el estrés. Al darles a los animales afectados ciertos probióticos -bacterias vivas beneficiosas para la salud-, observaron que su respuesta se calmaba y su conducta se normalizaba.

"Así nació el concepto de 'psicobióticos', un conjunto de probióticos y prebióticos cuyo consumo en cantidades adecuadas tiene beneficios para modular el estrés y otros trastornos derivados de este, como la ansiedad y la depresión", dijo Cryan a "El Mercurio". Hasta ahora -agrega-, los de la familia bifidobacterium han mostrado eficacia en estudios en humanos.

"Una pieza importante del puzzle es determinar qué bacterias tienen este efecto. Tenemos un largo camino por delante, pero quizás dentro de cinco años tengamos un tratamiento psicobiótico para la ansiedad o la depresión", señala Cryan.

Lo imagina como "un yogur u otro alimento con estas bacterias o con fibra prebiótica, que te indiquen como tratamiento preventivo si, por ejemplo, vas a tener exámenes en la universidad". Pero -agrega- otra posibilidad es que las personas acudan regularmente al médico para que analice su microbioma y "si debido a algún hecho doloroso o traumático este se altera, el médico podría indicar una alimentación personalizada a base de psicobióticos para restablecer el equilibro de las bacterias".

Asma y microbios

El médico chileno Fernando Martínez, director del Instituto BIO5 de la U. de Arizona e investigador en asma infantil, demostró que niños que antes del año de vida estuvieron más expuestos a gérmenes porque iban a sala cuna o vivían con más hermanos, tenían menos riesgo de haber desarrollado asma, enfermedad inflamatoria en que el sistema inmune sobrerreacciona ante un estímulo.

Actualmente estudia en niños de 6 a 18 meses sanos, pero con alto riesgo de asma, el uso de un preparado natural a base de bacterias. Dentro de tres años verá si dio resultados. Si es así, tendrá la base para la creación de una terapia preventiva contra esta enfermedad.

A su juicio, el futuro en esta área consiste en "domesticar" las bacterias beneficiosas que antes abundaban, "para enseñarle a nuestro sistema inmunológico a reconocer las verdaderas amenazas y así convivir con nuestras bacterias amigas, vivan estas en la alfombra de nuestra casa o en nuestros intestinos".

Publicado en: 
Paula Leighton, El Mercurio