Mensaje de error

Notice: Undefined index: field_tipo_de_publicaci_n en _ctools_entity_field_value_ctools_access_get_child() (línea 63 de /home/CVS/web/chilevivesano.cl/public_html/sites/all/modules/ctools/plugins/access/entity_field_value.inc).

Publicado el

14 de Octubre de 2016

Temática

Bajo licencia Creative Commons / www.soytopmother.com
Bajo licencia Creative Commons / www.soytopmother.com

Durante el embarazo de su primer hijo, la matrona le sugirió a Claudia (36) que se durmiera más temprano, porque de lo contrario este horario se lo podía traspasar a su guagua.

"Era verano y por el calor yo me dormía tarde. Cuando León nació, sobre todo el primer mes, fue complicado porque tenía su horario cambiado. Se despertaba a la una de la mañana y se volvía a dormir a las seis o siete", cuenta.

Esto la obligó a turnarse con su marido para acompañar al niño durante la noche. Después de dos semanas, él tuvo que volver a trabajar y Claudia fue ayudada por su mamá.

"Lo que pasa es que los problemas de sueño son bastante frecuentes en los primeros meses de vida y pueden afectar hasta al 30% de los niños", dice el doctor Tomás Mesa, pediatra y neurólogo de la Red de Salud UC CHRISTUS, quien expuso sobre este tema en el congreso de la Sociedad Chilena de Pediatría. La situación, según el especialista, impacta también en la calidad de vida de los padres, ya que tampoco descansan bien.

En el caso del niño, el problema es que en los primeros meses de vida su cerebro no tiene horarios, ya que todavía no madura su reloj biológico de luz y oscuridad, algo que sucede entre el tercer y cuarto mes.

Casos de madurez

Entre los problemas del dormir, hay un grupo que dura un tiempo limitado y desaparece en forma espontánea. Son las llamadas parasomnias, que son parte de la maduración del sistema nervioso. "Entre ellas están el síndrome de las piernas inquietas, el hablar dormido y el sonambulismo, fenómenos que duran un tiempo limitado y desaparecen espontáneamente", dice el doctor Yuri Dragnic, neurólogo infantil de Clínica Santa María.

Uno de los trastornos del sueño más frecuentes en los primeros meses de nacido es la apnea, cuando la guagua deja de respirar por más de 10 segundos, porque el centro de la respiración en el cerebro no está totalmente maduro. Este problema alcanza su máxima frecuencia entre los dos y cuatro meses, y puede observarse hasta el año de edad. "Aquí es importante que el niño no duerma boca abajo y que use chupete, que se ha visto que protege de la apnea", dice el doctor Mesa.

Después del año, lo habitual es que la apnea sea de tipo obstructiva, en que el niño ronca y puede deberse a adenoides. Esto lo tiene que evaluar un médico, ya que la falta de oxígeno puede alterar el metabolismo del menor y quizás haya que operarlo.

También hay casos de insomnio infantil, en que el niño despierta por un problema de reflujo, lo que se supera con recomendaciones posturales y a veces medicamentos.

Pero la mayoría de las veces, tanto en lactantes como en preescolares y escolares, los problemas de insomnio son por tener pantallas en el dormitorio, comer tarde y no tener horarios fijos para irse a la cama.

Para la doctora Evelyn Benavides, neuróloga de Clínica Dávila, "la mayoría de estos problemas se solucionan con buenos hábitos de sueño, y es excepcional tener que indicar medicamentos".

 
Publicado en: 
El Mercurio por Sebastián Urbina