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Publicado el

08 de Enero de 2017

Temática

Chile Vive Sano
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Las ensaladas y verduras cocidas estaban lejos de la lista de favoritos de Emilia Guzmán (8 años). "Comía puro tomate", recuerda Constanza, su mamá.

Y aunque un cambio en su dieta, que incluyó la restricción de dulces y masas, ha despertado su apetito por más alimentos, todavía quedan resabios del pasado. "La carne no la come muy bien y se demora, a veces empieza con que 'tiene grasa, tiene nervio, está dura... no la quiero'", acusa Felipe, su papá. "¡Pero cuando la comida me gusta me la como rápido! Y ahora me gustan las arvejitas y los porotos verdes", se defiende Emilia.

Las miradas de reojo, narices arrugadas o negativas frontales a comer una verdura desconocida, probar un marisco o explorar un nuevo sabor son algo habitual para muchos padres.

También lo son para la pediatra y nutricionista estadounidense Natalie Muth, autora de "'Come tus verduras' y otros errores que cometen los padres", y que esta semana lanzó "The Picky Eater Project" (algo así como "El proyecto 'mañoso para comer'"). El libro, editado por la Academia Americana de Pediatría, propone una serie de estrategias, ideas, recetas y 10 reglas básicas (ver recuadro) para que en solo seis semanas los niños se aventuren a probar todo lo que llegue a sus platos.

Trucos a la carta

"Muchos niños son reticentes a probar nuevos alimentos. Esto es parte del desarrollo alrededor de los dos años. Pero la forma en que reaccionen los padres determinará cuánto dure. Si esa reticencia no se trabaja, puede prolongarse en el tiempo", dice la doctora Muth, quien compartió con "El Mercurio" algunos de sus consejos.

-¿Qué estrategias sugiere para introducir nuevos alimentos a la dieta de los niños?

"Si ellos ayudan a elegir o a preparar un alimento, es más probable que lo prueben. Lo mismo ocurre si al ofrecerle uno nuevo este se ve y huele bien o si se acompaña de algo que a ellos les gusta. Pero lo más importante es que los padres no lo transformen en algo tan importante. Dejen la comida al alcance, coman para servir como modelo y nada más. Cuando un padre no está mirando, es más probable que el niño pruebe".

-¿Qué pueden incentivar los padres al ir a comprar comida con sus hijos o cocinar con ellos?

"Yo aconsejo a las familias que les pidan a los niños que elijan recetas, que en el supermercado les pidan escoger algún alimento (por ejemplo, una fruta y una verdura) y que hagan de su preparación y consumo un pasatiempo entretenido en familia".

-Algunos padres se rinden al segundo o tercer intento de introducir un nuevo alimento, ¿que les aconsejaría?

"Ayuda saber que puede requerir 15 a 20 intentos antes de que un niño acepte un nuevo alimento, por lo que es totalmente normal que lo rechace varias veces. Eso no significa que nunca le gustará. Tómenlo como un proceso de 'entrenamiento' de las papilas gustativas".

-¿Por qué las amenazas, chantajes o premios no son recomendables a la hora de comer?

"La coerción y las recompensas preparan el terreno para batallas y luchas de poder entre padres e hijos a la hora de la comida. Además, los niños piensan que si los padres están presionándolos para comer algo -verduras, por ejemplo- deben ser asquerosas. Por otro lado, si un alimento azucarado se da como premio, se eleva su estatus y se crea un apego emocional a alimentos menos saludables. Más adelante esto puede dar paso a problemas emocionales con la comida".

-¿Qué alternativa sugiere?

"Yo incentivo a los padres a asegurarse de que la familia coma reunida, preparar lo mismo para todos, involucrando a los niños cada vez que se pueda, y dejar que ellos elijan qué y cuánto comer de lo que se les ofrece. Este proceso da resultado en el tiempo. Al final, ellos serán buenos escuchando a su cuerpo y tomando decisiones saludables".

Publicado en: 
Paula Leighton, El Mercurio