Publicado el

16 de Abril de 2017
Chile Vive Sano
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"¡Señor, le falta la nieve!", le gritaban a Werner Müller, suizo de 63 años, cada vez que salía a caminar con bastones por los alrededores del Parque Nacional La Campana, cercano a su casa en Olmué. "Toda mi vida hice deporte; ciclismo, maratón y atletismo. Pero, en 2008, el médico me recomendó probar la marcha nórdica por mi artrosis en la rodilla y me encantó", cuenta Müller, quien vive en Chile desde hace cuatro años.

La marcha nórdica es un tipo de caminata que, a diferencia de la tradicional, se practica usando un par de bastones especializados para impulsarse. Su origen se remonta a los años 30, en Finlandia, cuando los esquiadores de fondo hacían marchas con bastones durante el verano para entrenar y llegar en buena forma al invierno. Con el tiempo, la disciplina se fue adaptando hasta que en los 90 se popularizó y fue bautizada como Nordic Walking . Hoy es muy común que se practique en países como Finlandia, Alemania, Austria y Estados Unidos.

En Chile, unos cuantos, poco a poco, se han ido animando a probar esta especialidad. Incluso, existe un club de marcha nórdica (www.nordicwalking.cl), fundado por Müller, que cuenta con 210 inscritos. "La primera marcha la hicimos en agosto del año pasado, en Olmué, donde participaron alrededor de 10 personas, de entre 10 y 74 años. Por lo general, hacemos una salida al mes; hemos ido a los parques Bicentenario, Aguas de Ramón, Mahuida y al cerro San Cristóbal"; cuenta Müller.

"Al principio, el uso de los bastones es un poco raro y a algunos les parece complicado. Pero al rato se acostumbran y se van soltando", cuenta Javier Tapia (28), miembro del club.

Según Javier, estudiante de ecoturismo y fanático del trekking , aunque gran parte de los interesados en la marcha nórdica suelen ser personas mayores, también hay jóvenes que disfrutan de esta actividad. "Se puede hacer con menos o más intensidad, todo depende del ritmo de caminata. Es entretenido, porque con los bastones te sientes más rápido y te cansas menos. La gente te mira con curiosidad, porque pareces un esquiador, pero sin nieve", añade.

Según Müller, el ritmo ideal para las marchas es aquel que permite caminar y conversar con el resto sin problemas. "Por lo general hacemos salidas de 11 kilómetros y la velocidad es de 5 kilómetros por hora", cuenta el suizo.

Beneficios del braceo

Además de permitir estar en contacto con la naturaleza, la marcha nórdica brinda una serie de beneficios al organismo. "Lo bueno de estos ejercicios aeróbicos es que ayudan a disminuir el riesgo de enfermedades cardíacas. También a desarrollar la musculatura y así, sobre todo en adultos mayores, reducir el riesgo de caídas. Además, los mantiene en forma para realizar sus actividades cotidianas", explica Gonzalo Fernández, deportólogo del Programa Pro Deporte de Clínica Alemana.

Según Fernández, al incluir el braceo, el ejercicio es más exigente y eficiente que el de una caminata normal. Aquí se trabajan además de los músculos de las piernas, los brazos y el tronco, y se les da menos carga a las rodillas.

"Se trabaja el 90% de la musculatura. Además, es una actividad física flexible, ya que lo pueden practicar personas de distintas edades, solas o acompañadas", concluye Müller.

Publicado en: 
Andrea Manuschevich, El Mercurio