Publicado el

16 de Noviembre de 2015

Temática

Foto: El Mercurio
Foto: El Mercurio

La epidemia de la diabetes tipo 2 o del adulto en Chile va de la mano con la de obesidad y la de sedentarismo. Esta triple alianza de problemas crónicos de salud crea una combinación mortal difícil de combatir para el personal sanitario, a menos que las personas tomen conciencia de que solo un cambio en sus hábitos de vida puede ayudar a resolver esta situación.

Más actividad física, comida saludable al alcance de las personas, políticas que limiten el uso de sal y de azúcar en la elaboración de alimentos son algunas de las iniciativas que permiten crear un ambiente más sano.

"Somos campeones en la ingesta de bebidas de fantasía y de pan, factores que facilitan la obesidad y el sobrepeso, lo que ha hecho aumentar en forma explosiva la prevalencia de diabetes en el país, por lo que ahora tenemos la mayor tasa de América del Sur", dice el doctor Jorge Sapunar, internista y endocrinólogo, presidente de la Sociedad Chilena de Endocrinología y Diabetes (Soched).

Este académico de la Facultad de Medicina de la Universidad de La Frontera participó en el Foro de Diabetes 2015, que se realizó el viernes pasado en Santiago. En su opinión, aunque con el plan Auge Chile está bastante bien en cuanto a su capacidad de organizar la atención de esta enfermedad, "eso no significa que estemos bien para los estándares que tienen los países desarrollados. Todavía nos falta cobertura de salud, y tenemos un bajo empleo de la insulina. Hay un retraso en iniciar su uso, y esto facilita la aparición de complicaciones en los pacientes, como problemas renales, daño visual y amputaciones", agrega.

Esto sucede por la llamada "inercia clínica", que se ve mucho en enfermedades crónicas. Es una especie de complicidad entre paciente y médico, en que se van dejando estar. "El paciente asiste a consulta sin cumplir lo que se le pide en cuanto a su terapia y cambio de hábitos, y el médico entonces le dice que va a esperar a que cumpla estas indicaciones y esto va retrasando el uso de tratamientos más complejos", explica Sapunar.

Esto lleva a aumentar las complicaciones y los costos de ella. En Chile, por ejemplo, el 60% de la capacidad de diálisis del país es ocupada por diabéticos.

Visión global

En el foro, habló también sir Michael Hirst, presidente de la Federación Internacional de Diabetes, quien advirtió que la carga de esta enfermedad irá en aumento, ya que, al haber mejores tratamientos, estos pacientes viven más. Por esto, calificó la situación como una emergencia sanitaria global.

Para Hirst, los gobiernos cumplen un papel crucial, porque a través de sus políticas pueden ayudar a detener el crecimiento de esta enfermedad, que para 2040 se espera que afecte a 642 millones de personas.

"Necesitamos estrategias preventivas y mensajes de salud efectivos, que puedan ser cumplidos por todos", dice.

A nivel escolar, debe aumentarse el tiempo dedicado a la actividad física, crear conciencia sobre la importancia de una dieta saludable, hábitos que puedan durar toda la vida. En cuanto a la alimentación, Hirst propone que los gobiernos aseguren al menos que la comida saludable sea asequible a las personas, ya que hoy la alimentación chatarra es lo más barato.

La capacidad de Chile de producir alimentos de excelencia, según Hirst, debería facilitar a su gente el acceso a comida saludable. En su opinión, hay que tomar determinaciones que pueden ser duras, como aumentar impuestos en ciertos alimentos y restringir su publicidad. Esto es especialmente importante en los contenidos de sal, azúcar y grasas trans.

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El Mercurio por Sebastián Urbina