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Publicado el

07 de Febrero de 2016

Temática

Foto: Bajo licencia Creative Commons / www.tribune.com.pk
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Generan pasiones tan intensas como sus aromas y sabores; y aunque son ingeridos a diario por millones de personas, pocos se detienen a pensar en los beneficios -y menos aún, en los eventuales problemas- asociados a su consumo.

Información al respecto hay de sobra en la literatura médica y cada año se suman más datos. La clave es la cantidad. Por ejemplo, "si se consume con moderación, el café es una buena bebida; pero en exceso, la cafeína tiene un efecto diurético que puede generar deshidratación", explica la doctora Katherine Zeratsky, de la Clínica Mayo, en EE.UU.

La recomendación, salvo en personas hipertensas y mujeres embarazadas, es entre tres y cuatro tazas al día para obtener la mayoría de los beneficios que tienen estas bebidas, según un estudio realizado por el Centro Médico Beth Israel. "A partir de la quinta taza, sobre todo de café, los beneficios se reducen, e incluso podrían empezar a presentarse problemas si se sigue tomando".

En general, ambos poseen antioxidantes, antiinflamatorios y otras sustancias que protegerían la salud de diversos órganos.

"Son buena fuente de antioxidantes, que ayudan a retardar el proceso de envejecimiento celular y protegen contra enfermedades cardiovasculares", dice el doctor Jean Camousseigt, nutriólogo de Clínica Dávila.

Se sabe, por ejemplo, que beber hasta dos tazas de café al día reduciría en 11% el riesgo de insuficiencia cardíaca. En cambio, tomar más de cuatro tazas puede elevar hasta en 64% el riesgo de enfermedad cardíaca en algunas personas.

Aunque todos los tipos de té tienen las mismas propiedades, son el té blanco y el té verde los que concentran mayor capacidad antioxidante, precisa Marcela Cosentino, nutricionista de Clínica Santa María. "Tienen una alta concentración de polifenoles; es bueno para el sistema inmune, mejora las defensas y combate los radicales libres".

El té negro, el más común, por su contenido de flavonoides ayuda a relajar los vasos sanguíneos y, por tanto, reducir la presión arterial. Además, disminuye el colesterol LDL o "malo".

También se estima que ayuda cuando hay infecciones dentales. Sin embargo, al igual que el café, sus pigmentos pueden manchar el esmalte dental. Por eso, no hay que abusar de su consumo.

La cafeína presente en ambas bebidas es útil para despertar por las mañanas y mejorar la concentración. Aunque una taza de té tiene cerca de la mitad de cafeína que una de café, estudios han demostrado que puede ser igual de efectiva. En eso influiría también la percepción personal de quien saborea una buena taza de su bebida favorita por las mañanas.

El problema está en que esa misma taza, al terminar el día, puede afectar la calidad del sueño.

"En exceso puede provocar insomnio; por eso, en general no se recomienda consumir ni té negro ni café por las noches, porque podría generar un sueño poco reparador", advierte Camousseigt.

Una dosis diaria de cafeína, además, también tendría un efecto positivo para combatir el alzhéimer. Según un estudio de la Universidad de Bonn y Lille, en Francia, una de las sustancias presentes en la cafeína tiene propiedades que impiden el almacenamiento de la proteína tau, clave en el desarrollo de la enfermedad.

Publicado en: 
El Mercurio por C. González