Publicado el

21 de Marzo de 2016

Temática

Foto: AFP / El Mercurio
Foto: AFP / El Mercurio

Tras el anuncio de la vuelta al horario de invierno, muchos padres respiraron aliviados. Parte de las luchas diarias para sacar a los niños de la cama van a desaparecer. Pero aunque el establecimiento de este nuevo horario genera un considerable consenso, la hora de entrada a clases vuelve a estar en el tapete. Retrasarla media o una hora podría mejorar considerablemente el aprendizaje, aseguran los estudios. Aunque algunos tienen ciertos reparos.

Como el hombre es animal diurno la luz lo hace funcionar, explica Javiera Castro, investigadora del Laboratorio del Sueño y Cronobiología de la Facultad de Medicina de la U. de Chile. "Por ello, el cerebro no se activa hasta que amanece", dice. Esto no solo hace que levantar a los niños temprano sea una tarea titánica, sino que también provoca que entren a la sala de clases sin la actitud necesaria para aprender.

El problema, agrega la especialista, es que el despertar al cerebro no es como accionar un switch , sino más bien un proceso que requiere tiempo. Por eso surgió hace algún tiempo el planteamiento de que ajustar la hora de entrada al colegio con el momento en que las cabezas de los niños están completamente despiertas mejoraría su rendimiento.

"La luz determina cuándo es la mañana para el cuerpo, y hecha a andar el reloj biológico que controla todo", explica John Ewer, neurobiólogo de la Universidad de Valparaíso. Por eso obligar a funcionar a los niños antes de tiempo es provocarles una especie de "jet lag" social, agrega, porque se desoye su biología. Y el resultado son niños somnolientos, con dificultad para prestar atención y, finalmente, aprender.

Si bien los expertos coinciden en que el aprendizaje es un proceso complejo en el que intervienen muchas variables, el factor sueño no sería uno menor. "Si bien hay variaciones individuales, estudios indican que el empezar las clases más tarde podría mejorar el aprendizaje entre 20% y 30%", dice Mónica Miranda, psicóloga y experta en teorías de aprendizaje de la Universidad Andrés Bello.

Esto se daría por varias razones. Además de que lo estudiantes estarían completamente despiertos, retrasar la entrada también ayudaría a disminuir considerablemente el ausentismo, algo importante para que el aprendizaje sea continuo.

La biología

Por ejemplo, mover el horario de entrada una hora más tarde en un colegio en Inglaterra, de 800 estudiantes de entre 13 y 18 años, bajó el ausentismo entre 7% y 27%. Mientras que un trabajo realizado con 9 mil estudiantes en los estados de Minnesota, Colorado y Wyoming, en EE.UU., arrojó que el entrar a clases una hora después de lo acostumbrado permitía que los adolescentes durmieran efectivamente entre 8 y 9 horas. Nuevamente algo que propicia el aprendizaje.

"No solo basta con dormir las horas necesarias, sino que tiene que ser en el momento correcto", explica la psicóloga. Es decir, cuando no hay luz. Acostar antes a los niños y levantarlos de noche no es equivalente a hacerlo más tarde y que se despierten con el sol.

Pero no es lo único a considerar. Evidentemente, ir a clases de día tiene un efecto psicológico positivo, dice John Ewer.

Mario Morales, director de la Escuela de Psicología de la Universidad de Santiago, coincide, aunque con reparos: "Altos niveles de entusiasmo y motivación despiertan el impulso de aprender", dice. Pero el despertarse antes de tiempo, agrega, no necesariamente iría en desmedro del aprendizaje. "El cerebro tiene la capacidad de adaptarse a situaciones sumamente adversas".

El estar somnoliento puede agravar las dificultades en el aprendizaje, pero no son su causa, opina. "Por eso es necesario seguir investigando", agrega.

Este año comenzará en Inglaterra el mayor estudio que se ha hecho en la materia. Unos 32 mil estudiantes de más de 100 colegios serán divididos en grupos para analizar si entrar dos horas más tarde a clases efectivamente mejora sus notas. Los resultados serán presentados en 2018.

Los expertos coinciden en que también hay que enfocarse en el análisis local. Esto, porque aunque se compruebe que el aprendizaje mejora, hay muchos otros factores que hay que considerar si se llega a pensar en una medida de este tipo.

La resistencia cultural sería fuerte, además de la compleja coordinación de horarios que habría que hacer entre padres y niños, entre otros. Y también habría un desafío al sistema educacional.

"Considerar esta medida no es una locura siempre y cuando no se atrase la hora de salida", dice Mónica Miranda. Esto pondrá presión a los colegios, agrega, para lograr prácticas educativas más eficientes y revisar el número de horas lectivas obligatorias.

Publicado en: 
El Mercurio por Lorena Guzmán