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Publicado el

09 de Diciembre de 2015

Temática

Foto: AP, El Mercurio
Foto: AP, El Mercurio

Con el verano a la vista y la temporada de piscinas creciendo como una ola, el interés de algunos padres porque sus hijos aprendan a nadar toma fuerza. Pero animar a los niños a familiarizarse con el agua lo antes posible no solo es una medida preventiva de gran utilidad: la natación es también una herramienta para el desarrollo de habilidades físicas y emocionales en la infancia.

"Es un deporte muy completo desde el punto de vista biomecánico y fisiológico; implica un desarrollo y esfuerzo muscular y respiratorio importante, además de favorecer la coordinación", explica el doctor Juan Fuenzalida, traumatólogo infantil de Clínica Indisa.

Habitualmente, los especialistas sugieren enseñar a nadar desde pequeños, como una forma de evitar accidentes por inmersión. De hecho, en Chile esa es la primera causa de muerte y de secuelas permanentes entre los niños menores de 4 años. Un problema que se concentra en la temporada de verano.

"Desde el punto de vista de salvataje o sobrevivencia, hay quienes plantean comenzar entre los seis meses y el primer año de vida; pero pensando en el desarrollo muscular y esquelético, es mejor esperar a después de los dos años", dice el doctor Fuenzalida.

Hasta los 3 años

Lo inicial es enseñarle al niño a conseguir autonomía de movimiento en el agua: aprender a desplazarse en cualquier posición, dirección y sentido, y en coordinación con la respiración.

"La ventaja de enseñar a nadar a edad temprana es la posibilidad de mejorar la técnica; mientras más pequeño comienza, más natural resulta la coordinación entre movimientos y respiración", explica el doctor César Kalazich, especialista en medicina del deporte de la Clínica MEDS, centro que cuenta con escuelas de natación para niños.

En una primera etapa, hasta los tres años, lo fundamental es que el menor entre en contacto con el medio acuático de una forma natural y progresiva. "Debe ser de acuerdo con su capacidad física; no se trata de potenciar su musculatura con fines competitivos. Al contrario, debe ser de una manera lúdica, como un juego", dice Fuenzalida.

De lo contrario, el efecto puede ser contraproducente: si el niño se siente presionado o la actividad le resulta hostil, se aburre o, peor aún, se estresa.

Y precisamente, la natación cuando es bien realizada ayuda a relajarse, por lo que puede ser una buena actividad para niños inquietos.

En un comienzo, la frecuencia recomendada es dos veces por semana, para generar una continuidad en el hábito.

Junto con ir mejorando su desarrollo psicomotor, optimizar su musculatura y sistema óseo, así como la función respiratoria, tiene un beneficio a nivel de su autoestima.

"Darse cuenta de que es capaz de vencer un medio que no es el habitual; de avanzar y cumplir con avanzar de un punto a otro, hace que nadar produzca una satisfacción a nivel psicológico", dice el doctor Fuenzalida.

Además, tiene la oportunidad de interactuar con otros y pasar un momento entretenido.

Otro beneficio implícito, según los expertos, es que propende a una vida sana.

De hecho, "al ser un ejercicio de alto gasto calórico, funciona bastante bien para el control del peso, en especial considerando los altos niveles de sobrepeso y obesidad que hay a nivel infantil", precisa el doctor Kalazich.

Los especialistas también enfatizan la importancia de que siempre haya un adulto acompañando al menor en esta actividad. Asimismo, se debe estar atento a cualquier problema que pueda surgir. "Si el niño presenta molestias, dolor, fatigabilidad muscular o alteración en la postura, hay que poner atención y consultar", sugiere Fuenzalida.

Publicado en: 
El Mercurio por C. González