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Publicado el

10 de Abril de 2016

Temática

Foto: Luciano Riquelme / El Mercurio
Foto: Luciano Riquelme / El Mercurio

"Hace tres años y medio tomé una de las mejores decisiones de mi vida. Como propósito de año nuevo, dejé de hacer dieta, de preocuparme por mi peso y aprendí a ser más cuidadosa con la comida. Ahora como cuando tengo hambre y perdí cuatro kilos y medio". Así comienza la charla TED "Why dieting doesn't usually work" (en español, "Por qué hacer dietas generalmente no funciona"), de la neurocientífica Sandra Aamodt. Ese mismo discurso es el punto de partida del libro "Why diets make us fat: The unintended consequences of our obsession with weight loss" ("Por qué las dietas nos engordan: Las consecuencias no deseadas de nuestra obsesión por bajar de peso"), que lanzará en junio de este año.

En los 13 minutos que dura su presentación, Aamodt suelta frases como: "Muchos estudios a largo plazo muestran que las niñas que hacen dieta temprano en la adolescencia son tres veces más propensas al sobrepeso cinco años después"; "Si las dietas funcionaran todos seríamos flacos", y "El doctor Rudy Leibel, de la Universidad de Columbia, descubrió que la gente que ha perdido el 10% de su peso corporal quema de 250 a 400 calorías menos que alguien de su mismo peso, porque su metabolismo está suprimido".

Su charla parece desalentadora para quienes viven buscando la receta perfecta para adelgazar, pero Aamodt dice que la verdadera solución no está en restringirse alimentos -ya que las personas se frustran al volver a subir de peso una y otra vez, y además, tienen mayores riesgos de sufrir trastornos alimentarios-, sino en escuchar al cuerpo. "Hablo de comer conscientemente, aprender a entender las señales de tu cuerpo, comer cuando tienes hambre y dejar de comer cuando ya no tienes".

Efecto ansiedad

En Chile, la tendencia del mindful eating o comer en conciencia plena, también ha ganado terreno. "El concepto de dieta es un poco agresivo porque tiene un significado desagradable. La persona siempre se está preguntando cuándo va a terminar. Por eso, más que hacer dietas restrictivas, lo mejor es educar a la población a comer sano", dice el doctor Manuel Moreno, nutriólogo del departamento de Nutrición, Metabolismo y Diabetes de la Facultad de Medicina UC.

Y según los especialistas, la mejor forma de comer sano y no exagerar con las porciones, es saber qué le hace bien al cuerpo y en qué cantidad. "Mucha gente dice que come por ansiedad, pero en verdad se refieren a una emoción no placentera: rabia, soledad, pena. Entonces, es importante conocer la diferencia de si comemos por hambre, por sed o por un tema emocional, y cuándo hay que parar", dice Yael Lehmann, del Departamento de Nutrición y Cirugía Bariátrica de la Clínica Las Condes.

Para ello, Lehmann hace talleres donde enseña la importancia de mirar la comida, olerla, saborearla antes de llevarla a la boca. Dice que para lograrlo es básico sentarse tranquilo frente al plato, sin el televisor o el computador al frente.

Natalia (27) siguió durante cerca de dos años una terapia que incluía mindful eating . "Me enseñaron, entre otras cosas, a estar consciente del lugar donde uno come: antes yo podía comer en la cama, acostada, o súper rápido, pero la verdad es que es muy útil poner la mesa y sentarse a comer. Es hacerse el rato, eso te forma la mente".

Natalia comenzó a hacer dietas restrictivas en la adolescencia y algún tiempo después sufrió anorexia, una enfermedad que sabe siempre tendrá latente, pero que hoy, gracias a este método, le es mucho más sencillo controlar. "He aprendido mucho sobre el horario de las comidas. Si uno come a las horas te aseguras de no tener hambre. Yo tapaba mis sentimientos con la comida, si estaba triste, comía o no comía, en vez de afrontar lo que me pasaba, y creo que eso les pasa a muchas personas, no es necesario tener un trastorno alimentario. Pero el mindful eating te hace estar en contacto contigo, se trata de una especie de meditación en que analizas lo que te está pasando: estoy triste, estoy enrabiada. Es liberador afrontar los sentimientos, aunque a veces da miedo. Pero al final eso te ayuda a no refugiarte en la comida".

Pero tanto Natalia como los especialistas recuerdan que comer "con conciencia plena" no es sencillo y requiere práctica. La neurocientífica Sandra Aamodt lo explica así: "Me tomó un año aprender eso. Pero valió la pena".

Publicado en: 
El Mercurio por Amalia Torres