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Publicado el

16 de Julio de 2016

Temática

Foto: Bajo licencia Creative Commons / www.canalnuestratele.com
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Junto a los ya tradicionales consejos de comer en forma equilibrada y ejercitarse de manera permanente, a la lista de hábitos saludables para tener una buena calidad de vida debería agregarse el apagar las luces.

La razón está en que el exceso de luz artificial que caracteriza a las sociedades modernas nos está alejando de la oscuridad, necesaria para mantener el equilibrio de los patrones de sueño-vigilia de las personas. Este cambio está trayendo consecuencias negativas para la salud.

"Con el advenimiento de la luz eléctrica tenemos un 'día' de 24 horas; luego se fueron agregando pantallas de televisión, computadores y celulares que no hacen más que prolongar la exposición a luces artificiales", comenta la neuróloga Julia Santin, directora del Centro del Sueño de la Red de Salud UC Christus.

Para los especialistas, el problema es evidente: cada vez es más frecuente la consulta por trastornos del sueño y consecuencias asociadas, como somnolencia, alteración del ánimo o disminución del rendimiento físico y cognitivo, como precisa el doctor Pablo Guzmán, neurólogo de la Clínica Somno Medicina del Sueño. "Afecta a diferentes poblaciones, pero sobre todo a la gente más joven, y a todos quienes se quedan dormidos más tarde".

Leonardo Serra, neurólogo y académico de la U. del Desarrollo y de Clínica Alemana concuerda. "Día a día lo estamos viendo más en la consulta; estamos durmiendo una a dos horas menos que nuestros antepasados de comienzos del siglo pasado", agrega.

Un estudio del Centro de Investigación Epidemiológica del Sueño de la U. de Stanford (EE.UU.), publicado en marzo pasado, mostró que las personas que habitan en grandes ciudades están más propensas a dormir menos de seis horas por noche, producto de la contaminación lumínica.

"Hemos reducido nuestra exposición a la oscuridad y eso podría estar afectando nuestro bienestar", dice el doctor Maurice Ohayon, director del centro y jefe de la investigación en la que siguieron los hábitos de casi 16 mil personas durante ocho años.

Sueño incompleto

Diversas investigaciones muestran que el exceso de luz inhibe la secreción de melatonina, la hormona que regula el reloj biológico del organismo. "Al dormir menos, es mayor la posibilidad de generar resistencia a la insulina y eso, a su vez, eleva el riesgo de diabetes", dice el doctor Serra.

Un sueño incompleto también se ha visto que produce resistencia a la leptina, hormona que controla el hambre y la saciedad, favoreciendo el aumento de peso, incluso en niños. "Al aumentar la diabetes, la obesidad y la hipertensión hay más morbilidad y mortalidad por problemas cardio y cerebrovasculares", agrega el neurólogo.

Eso no sería todo. Esta semana, el Centro Médico de la U. de Leiden, en Holanda, agregó nuevos antecedentes al tema.

En un estudio publicado en la revista Current Biology dan a conocer qué ocurrió con ratones expuestos a una luz artificial de manera constante durante 24 semanas: se debilitó su sistema inmune, hubo pérdida de masa muscular y signos tempranos de osteoporosis.

"Es un aporte a información que se tenía de manera indirecta. Pero hay que interpretarlo con cuidado, porque los ratones se comportan de manera diferente que los humanos: ellos tienden a esconderse o inhibirse con la luz", dice Serra.

De todas formas, es una luz -otra más- de alerta. "La buena noticia es que estos efectos negativos para la salud son reversibles cuando el ciclo natural de luz-oscuridad se restablece", comenta Johanna Meijer, autora principal de la investigación. "Cuando los ratones volvieron a un ciclo normal después de dos semanas, las neuronas involucradas en los procesos de sueño-vigilia recuperaron su ritmo normal y los problemas de salud se revirtieron".

Por eso, los expertos concuerdan en la importancia de respetar las horas de sueño y en evitar la exposición excesiva a luces artificiales -lámparas, pantallas de TV y celulares, por ejemplo- al caer la noche.

Publicado en: 
El Mercurio por C. González