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Escrito por: Cecilia Morel
Presidenta Fundación Chile Vive Sano

Temática

Publicado el

31 de Agosto de 2016

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Foto: Bajo licencia Creative Commons / www.ntn24.com
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Todos nosotros nos emocionamos con el sacrificio de los fondistas, la velocidad de los corredores, la fuerza de los levantadores de pesas, la disciplina de los gimnastas o la resistencia de los nadadores. Los recientes Juegos Olímpicos de Río de Janeiro –los primeros realizados en Sudamérica– nos entregaron postales dignas de admiración, valentía y respeto.

Llegar a la cita de los cinco anillos es el mayor sueño de todo deportista, quienes se entregan en cuerpo y alma por un proyecto que muchas veces los lleva a sobrepasar los límites humanos. Detrás de cada atleta hay largas jornadas de entrenamiento, lesiones, frustraciones y mucho amor por la bandera. Así es el alto rendimiento: exigente, duro, pero muy gratificante.

 En cada uno de los 42 deportistas chilenos que participaron en Río de Janeiro hubo un inicio, una primera vez, que en muchos casos –sino en la mayoría– se remonta a la época escolar de cada uno de ellos. De ahí la importancia de la labor que se realiza en los establecimientos educacionales, donde se inicia la formación deportiva de niños y adolescentes.

Enseñar y motivar a la práctica de actividad física no es una tarea fácil, mucho menos hoy donde la atención y el tiempo libre de los niños lo disputamos con la televisión, los celulares inteligentes, los tablets y computadores. Por eso, más allá de los conocimientos y habilidades físicas, es necesario proyectar el deporte más allá y darle un sentido integral. No se trata de correr por correr: el deporte es un espacio formación de valores que hará de los niños mejores adultos y ciudadanos en el futuro.

¿Por qué? Porque un deportista es una persona que entrena sin excusas –compromiso–, que necesita de otros para cumplir sus metas –trabajo en equipo–, que se relaciona permanentemente con el fracaso –tolerancia a la frustración–, que se levanta sin importar las caídas –perseverancia– y que tiene un sueño que lo despierta todos los días –pasión–. ¿Quién puede decir que estos valores no trascienden varios aspectos y dimensiones de la vida humana?

Río 2016 nos llama a reflexionar más allá del espectáculo deportivo para recordar que su génesis es un símbolo de compromiso, lealtad y amistad entre las personas y naciones. Una invitación que cobra especial sentido en estos días.