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Escrito por: Cecilia Morel
Presidenta Fundación Chile Vive Sano

Publicado el

04 de Agosto de 2015

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En nuestra vida diaria y en nuestro lenguaje la palabra «corazón» está muy presente. La relacionamos principalmente a la experiencia del amor y a muchas virtudes como la bondad, la generosidad, la fraternidad y la caridad, entre tantas otras.

Probablemente todos conocemos a personas de buen corazón o que tienen uno de oro; también a muchos se nos aprieta el corazón cuando empatizamos con el sufrimiento ajeno. Tema recurrente de novelas, películas, poemas y canciones que hacen que nuestro corazón sufra, se contraiga, vibre, se expanda o hinche de felicidad. Gabriel Mistral, en su poema «Creo en mi corazón», nos dice:

Creo en mi corazón, ramo de aromas

que mi Señor como una fronda agita,

perfumando de amor toda la vida

y haciéndola bendita.

En oposición a esta relevancia que le damos afectiva y psicológicamente, se nos olvida cuidarlo como nuestro principal órgano vital, su naturaleza anatómica-fisiológica y su repercusión en nuestra salud y bienestar. El corazón es el motor primordial del cuerpo humano, encargado de distribuir la sangre para atender todas las necesidades del organismo. Para ello, late en promedio 70 veces por minuto y bombea alrededor de 7 mil litros de sangre al día.

La mayoría de las personas adultas, si acaso no todas, sabemos cómo debemos cuidar nuestro corazón, aunque muchas veces no lo hacemos, porque no somos conscientes de que su cuidado es un seguro de sana y plena longevidad. Una vida sin tabaco ni alcohol, eliminar las excesos de grasa y azúcar, la práctica de actividad física constante, el consumo de frutas y verduras y llevar estilos de vida saludable que nos permitan combatir estrés, son hábitos tan simple de enunciar como difíciles de adaptar a nuestra vida.

 Sin embargo, y mientras no reaccionamos, dentro de nuestras venas y arterias se van acumulando placas de grasa que dificultan el flujo sanguíneo que irriga todo nuestro cuerpo: hipertensión, accidentes vasculares e infartos son sus principales consecuencias. Según cifras del Ministerio de Salud, las enfermedades cardiovasculares representan un 30% de las defunciones en Chile, siendo la primera causa de muerte en el país en los hombres mayores de 35 años y mujeres mayores de 50, ni más ni menos.

Por eso, agosto es el Mes del Corazón. Como Fundación Chile Vive Sano queremos colaborar en esta causa y entregarles información al respecto. Pero, lo más importante, es el compromiso de cada uno con su propio corazón. La vida no nos da los «Dos corazones (que) quisiera tener…» de la canción de Francisco Flores del Campo, y el que tenemos lo debemos cuidar tanto como el amor y la felicidad que nos brinda. 

Publicado en: 
Revista Ventanal