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Escrito por: Editor

Temática

Publicado el

10 de Diciembre de 2014

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El alto consumo de bebidas alcohólicas que se registra en este segmento revela un problema de salud pública que se debe enfrentar con urgencia.

 

La Encuesta Nacional de Alimentos 2014 realizada por el Ministerio de Salud confirma una problemática tendencia que se viene observando en el país y que también recogen otros estudios a nivel local e internacional: el alto consumo de alcohol de la población en Chile, pero particularmente de los más jóvenes. Según el informe, un 35,4% del total de los consultados señaló haber consumido alcohol en el último mes, cifra que en el grupo entre los 19 y 29 años de edad llega al 56,9%, con una media de 100 ml/día, mientras que entre los 14 y 18 años la ingesta reportada es de 22%, con una media de 148 ml/día. Es decir, un bebedor joven puede llegar a ingerir en promedio un litro y medio de bebidas alcohólicas a la semana.

Una de las principales razones que explican estas inquietantes cifras es que en Chile el consumo de alcohol por los menores de edad -a diferencia de muchas otras sustancias que son dañinas para la salud- está socialmente aceptado. Si a ello se suma la  facilidad con que se eluden las restricciones para el expendio de alcohol a los menores, no son de extrañar las cifras cada vez más negativas en este ámbito. Llama la atención que esta realidad no sea considerada  en el debate que promueven, por ejemplo, algunos sectores que buscan que se legalice la producción, comercialización y consumo de la marihuana. Tal como se aprecia con el consumo de alcohol, legalizar las drogas y confiar en las restricciones a su venta o consumo a menores no hará más que provocar un fuerte aumento en el consumo de esa sustancia, con todos los riesgos y efectos negativos que esa determinación conllevaría.

Para enfrentar el problema de la excesiva ingesta de alcohol con éxito es necesario provocar un cambio cultural en las personas, de manera que comprendan los peligros a los que se exponen con un consumo desmedido. Y ello se debe hacer primero a través de las familias y la educación que transmiten a sus hijos. Luego a través de los establecimientos educacionales, que deben entregar información y educación sobre el daño que causa el consumo de alcohol. Y, por último, mediante políticas públicas correctamente focalizadas, que se orienten principalmente a los sectores de mayor consumo, que en este caso son los jóvenes. Según el informe del Ministerio de Salud, es en el nivel socioeconómico alto donde un mayor número de personas reconoce consumir alcohol (42,1%), pero es en los sectores de menores ingresos donde esa  cantidad es mayor. Además, la mayor ingesta se concentra en la zona centro y sur del país, y en las áreas urbanas. Toda esta información debe servir como insumo para desarrollar un diagnóstico adecuado a partir del cual diseñar acciones que ayuden a reducir el consumo de bebidas alcohólicas.

En el proceso por lograr un cambio cultural respecto al consumo de alcohol, la familia cumple un rol de formación insustituible que resulta clave para evitar que la ingesta de esta sustancia sea cada vez a más temprana edad -actualmente es entre los 13 y 14 años- y que derive en un consumo conflictivo. El papel que juega el Estado también es relevante, ya que siendo el país de mayor consumo de alcohol en América Latina, según la OMS, estamos frente a un problema de salud pública que le cuesta al país cerca de 500 millones de dólares anuales y que por lo tanto debe ser abordado de manera integral.

Publicado en: 
La Tercera