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Escrito por: Editorial El Mercurio

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15 de Julio de 2015

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Los principales problemas están centrados en patologías crónicas, relacionadas con la alimentación, el sedentarismo y la obesidad, pero nada de eso parece interesar mayormente a los dirigentes políticos que controlan la agenda pública...

Los decanos de algunas de las principales facultades de Medicina del país, reunidos en "El Mercurio", hicieron un somero análisis de los problemas que aquejan a las políticas nacionales de salud. Su conclusión es que hace falta una visión integral y de largo plazo en las autoridades.

Los principales problemas están centrados en patologías crónicas, relacionadas con la alimentación, el sedentarismo y la obesidad, pero nada de eso parece interesar mayormente a los dirigentes políticos que controlan la agenda pública. Aunque de mantenerse las tendencias actuales habrá graves consecuencias en los próximos decenios, con tasas crecientes de morbilidad, mortalidad y gasto en salud, esa clase de temas no aparece en el debate, que es dominado por preocupaciones de corto plazo.

En días recientes, la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados ha estado preocupada de estudiar dos proyectos, uno que despenaliza el aborto y el otro que liberaliza el autocultivo de la marihuana. Caben opiniones distintas en cada uno de ellos, pero, según los decanos, ninguno de los dos revela mayor interés por los verdaderos problemas de la salud en Chile. En el caso del aborto, el debate tiene un carácter más valórico que de salubridad, puesto que los casos que se verán afectados serán numéricamente insignificantes. El caso de la marihuana, para los decanos, ilustra cómo el Congreso perdió toda capacidad de escuchar, puesto que ha seguido adelante con la propuesta, contra la opinión de todas las sociedades científicas.

Pero existen problemas reales, tales como los de las enfermedades crónicas, que afectan al sistema nacional de servicios de salud. La integración entre la atención primaria que otorgan los Centros de Salud Familiar (Cesfam), conocidos como policlínicos, y los grandes hospitales es casi inexistente. Los Cesfam dependen de las municipalidades y tienen sus ingresos determinados por el número de personas que están inscritas, independientemente de que les hayan resuelto o no sus requerimientos. Los hospitales, en tanto, dependen de los Servicios de Salud, y en último término del ministerio, y sus presupuestos tampoco registran incentivos a las tareas bien hechas. De modo que ambas instancias carecen de estímulos que las lleven a trabajar en conjunto.

A estas circunstancias se suman el déficit de infraestructura y la insuficiencia de médicos y profesionales con la especialización debida y que puedan distribuirse adecuadamente a lo largo del territorio. Con las dificultades presupuestarias conocidas desde hace largo tiempo, se necesitan planes de largo plazo que vayan superando cada una de estas situaciones. La mayoría de ellas requiere la participación de varios sectores, desde Educación hasta Obras Públicas, desde la ingeniería hasta la psicología. No es una tarea que le competa únicamente al Ministerio de Salud, sino a toda la clase política, que debiera ser capaz de definir planes que superen largamente el período de cuatro años que dura un gobierno. "El mundo parece que se va a acabar el 11 de marzo del año que termina cada gobierno", dijo el decano de la Universidad de Chile.

El país ha experimentado una rápida transición demográfica, con un marcado envejecimiento de la población, lo que significa una fuerte presión sobre los costos del sistema. Ello obliga a pensar en nuevos modelos de atención de salud. En la actualidad, cada uno de los componentes del sistema enfrenta graves dificultades que requieren de la intervención de las autoridades, pero no existen planes claros que permitan ir resolviendo los problemas de fondo.

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El Mercurio