Escrito por: Raúl Urbina
Gerente técnico de B-Active, profesor de Educación Física y Kinesiólogo.

Temática

Publicado el

14 de Septiembre de 2016

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Han terminado los Juegos Olímpicos de Río 2016 dejando recuerdos de verdaderas “hazañas” deportivas, donde el arte, la creación y esfuerzo de tantos años pudo consagrarse en los deportistas que asistieron a este evento.

El deporte permitió, una vez más, congregar a miles de deportistas y fanáticos. Una fiesta cultural donde las diferencias étnicas, religiosas y políticas no fueron las protagonistas. Un evento que nos permitió distraernos y disfrutar las infinitas posibilidades que nos brinda el ser humano. Un instante en que nos medimos con otros  y expresamos sentimientos de ilusión.

Los y las deportistas fueron los principales actores de esta obra. En ellos vimos reflejados los sueños de sus familias, entrenadores y sus propios países. Pero el resultado no fue por azar. Detrás de ellos existe un recorrido largo y duro que en la mayoría de los casos comenzó durante su niñez en una cancha, en el patio del colegio, en un club, en un centro deportivo o en un gimnasio infantil.

Además, existe una familia que apoyó, trasladó y esperó infinitas horas a que terminara la práctica deportiva, una familia que acompañó en los triunfos y en las derrotas y que tuvo que lidiar muchas veces con las desesperanzas del día a día. Un camino de aprendizaje constante que en ocasiones no le llevó al podio, pero que, sin duda, le hizo ser mejor persona.

Mejor persona porque gracias a la práctica de ejercicio y deporte además de divertirse,  aprendió a adaptarse a nuevas situaciones y a tener independencia, aprendió a seguir instrucciones y respetar las reglas, aprendió a tener paciencia. Aprendió a manejar el triunfo y superar la derrota. Pudo resolver conflictos e interactuar con sus compañeros, pudo trabajar en equipo, ser persistente, disciplinado, resiliente y a tener confianza en sus posibilidades y en muchas ocasiones a pedir ayuda.

Muchos no llegaron a ser profesionales, muchos no llegaron a competir a las olimpiadas, entonces, ¿quiénes son los verdaderos campeones?