Escrito por: Sebastián Piñera

Publicado el

23 de Enero de 2017

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Hace algunos días nos enteramos de que la natalidad en Chile experimentó un grave retroceso durante 2016, llegando los nacimientos a su menor nivel en una década. Hoy tenemos 200 mil niños menos que hace 25 años y la caída en la natalidad se ha acentuado en los últimos dos años. La tasa de fecundidad (hijos por mujer) ha disminuido desde 5,4 en 1960 a 1,85 en la actualidad, lo que está por debajo de la tasa de reposición de nuestra población y es inferior incluso a la de países desarrollados como Estados Unidos y algunos europeos. Adicionalmente, los niños representan el sector más vulnerable y abusado de nuestra sociedad, como lo demuestra la triste historia de los niños del Sename y el hecho que la proporción de niños pobres duplica a la de los adultos.

¿Qué nos está pasando? ¿Por qué tratamos tan mal a nuestros niños? ¿Por qué las familias chilenas consideran que hoy somos un lugar menos acogedor para tener hijos? ¿Cómo podemos fortalecer la familia, proteger mejor a nuestros niños y promover la natalidad? Sin duda, estos son desafíos urgentes que debemos enfrentar con una nueva actitud y una firme voluntad. Porque no hay duda alguna de que una sociedad justa se define, en gran medida, por la forma en que trata y brinda oportunidades a sus niños.

Sabemos que existen factores estructurales que explican la caída de la natalidad, como los mejores métodos anticonceptivos o la incorporación de la mujer a la fuerza de trabajo. Pero como sociedad podemos hacer más. Por ello, una de las prioridades del próximo Gobierno será diseñar e implementar una robusta agenda para promover la familia, la infancia y la natalidad, entre cuyos principales componentes se cuentan a lo menos las siguientes siete iniciativas:

  1. Recuperar la confianza en nosotros mismos y en Chile. Para ello es indispensable volver a la senda del progreso, para que las familias vivan sin temor y con esperanza en el futuro. Los chilenos deben volver a creer que el Chile del futuro presentará más oportunidades para sus hijos de las que se les presentaron a ellos en su juventud.
  2. Conciliar mejor el mundo del trabajo con el mundo de la familia y la natalidad. La llegada de un hijo no puede constituir un obstáculo para el desarrollo laboral de los padres. Para ello, además del postnatal que extendimos a 6 meses en nuestro gobierno y que incorporó por primera vez a todas las madres trabajadoras (antes solo protegía a un tercio), debemos avanzar con la Sala Cuna Universal, el Teletrabajo y una mayor adaptabilidad de las jornadas laborales. Y también hacia un mejor equilibrio en los derechos y deberes parentales y familiares entre hombres y mujeres.
  3. Promover un nuevo marco regulatorio para la infancia, que incluya los principios y derechos de la niñez, respetando y fortaleciendo el rol central de los padres en la formación de sus hijos.
  4. 4. Reformar el Sename, creando un Servicio Nacional de la Infancia, para aquellos niños y adolescentes en situación de vulnerabilidad, y un Servicio de Responsabilidad Adolescente, para rehabilitar a aquellos infractores de la Ley.
  5. Perfeccionar la Ley de Adopciones, privilegiando siempre los derechos e intereses de los niños, especialmente a poder encontrar un hogar que les brinde protección y amor.
  6. Avanzar hacia el Acceso Universal en la Educación inicial, con énfasis en pre-kínder y kínder y, especialmente, en los niños más vulnerables que tienen una baja cobertura, para mitigar a la más temprana edad las diferencias de origen y propender así a una verdadera igualdad de oportunidades.
  7. Establecer políticas de Estado para promover la natalidad, a través de incentivos tributarios a las familias numerosas, la incorporación de los tratamientos de infertilidad al Plan AUGE y el incremento de los subsidios habitacionales para las familias en función del número de hijos.

La familia es la primera institución social. En ella se forman nuestros niños, se inculcan los valores, se recibe afecto y amor gratuito e incondicional, se protege a los débiles, se cuida a los enfermos y adultos mayores, se enseña a vivir en sociedad y se forma a los nuevos ciudadanos. Por ello, su promoción y fortalecimiento debe estar en el centro del compromiso de Chile Vamos con nuestro país. Más allá de una legítima aspiración política, la literatura y la experiencia muestran que una familia sólida y unida es el mejor antídoto contra la deserción escolar, la delincuencia y la drogadicción de nuestros niños y jóvenes, y el mejor aporte a una vida más plena y feliz.

Lo anterior está íntimamente ligado con la protección de la infancia. Debemos promover la natalidad y valorar y cuidar a los niños, porque una sociedad con más niños es una sociedad mejor y más feliz. Y también más fuerte y sustentable. Al fin y al cabo, el mejor indicador de bienestar y calidad de vida de una sociedad es cuando las familias deciden tener más hijos, porque tienen seguridad en el presente y confianza en el porvenir.

Tal como lo afirmaba con infinita sabiduría la Madre Teresa de Calcuta: "Los niños son como las estrellas, nunca hay demasiados".