Escrito por: María Elena Gorostegui A.
Directora Sociedad Chilena de Psicólogos Clínicos

Temática

Publicado el

30 de Noviembre de 2015

Vota aquí

5
Promedio: 5 (1 vote)
Foto: Bajo licencia Creative Commons / www.mundomax8.com
Foto: Bajo licencia Creative Commons / www.mundomax8.com

Señor Director:

Pareciera que ya está todo dicho sobre los efectos devastadores del consumo de marihuana en el aprendizaje en escolares. También se ha dicho mucho sobre las propiedades medicinales de la Cannabis. Situar la discusión en la conveniencia o no del consumo recreativo, tampoco parece que pueda dar muchas luces sobre el problema (el punto es quién consume: un mayor de edad responsable o un escolar). Permitir el cultivo de la "plantita" en un país cuyos escolares son tristemente célebres por sus récords en consumo, pareciera estar fuera de toda discusión responsable. Tampoco parece serio afirmar que los parlamentarios, bajo el eufemismo de su uso medicinal, tengan como objetivo fomentar el consumo entre escolares. No se puede banalizar el debate.

Sabemos que: a) nadie quiere favorecer el consumo en escolares; b) se están estudiando los beneficios medicinales; c) hay evidencia científica concluyente del efecto devastador del consumo en el aprendizaje, la motivación y el proyecto de futuro de los jóvenes; d) el efecto es más perjudicial cuanto mayor es la vulnerabilidad social del joven, y e) la baja percepción de riesgo favorece el consumo.

Como psicólogos clínicos, vemos a diario adolescentes consumidores con problemas de rendimiento escolar, relacionales, emocionales, motivacionales y del desarrollo. En la consulta, nuestro discurso resuena oscurantista, restrictivo, incomprensible para el joven/niño que cree que este adulto no entiende que el consumo es inofensivo, y más aún, bueno para la salud, que produce buena onda, risa, alegría. Se cierra, entonces, el diálogo con el adolescente.

Es preocupante cómo los jóvenes/niños viven "su relación con la plantita" desde un discurso social permisivo y que la valida. Al permitir el cultivo se desnaturaliza la connotación de sustancia perjudicial para la salud, y más aún, se agregan significados ecológicos, beneficiosos, artesanales. Los adultos involucrados -padres, profesores, psicólogos, profesionales de la salud- no podemos lidiar con ideas socialmente valoradas (¿sobrevaloradas?) en torno a que se trataría de una yerbita inofensiva, natural, medicinal y, por tanto, de libre cultivo al interior de los hogares.

Si se pudiera llegar a algunos consensos, se podrían buscar las mejores formas de proteger a los escolares, en especial a los más vulnerables y en mayor riesgo social; son ellos los que más nos preocupan.

Publicado en: 
El Mercurio