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13 de Noviembre de 2015

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Foto: Bajo licencia Creative Commons / www.lr21.com.uy
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Hay quienes piensan que preocuparse de la diabetes es simplemente tomar sus medicamentos y cuidar su alimentación. No obstante, en ellos está faltando uno de los tres pilares fundamentales del tratamiento: el ejercicio terapéutico. Éste se define como la actividad física que tiene la función de mejorar la condición metabólica del paciente, es decir, su glicemia, perfil lipídico y el porcentaje de masa muscular.

El año 2002 se publicó en la revista New England Journal of Medicine un estudio donde se evaluó la incidencia acumulativa de diabetes en más de 3.000 personas. Se dividieron en tres grupos, cada uno recibiendo diferentes intervenciones: metformina, placebo y cambios de estilo de vida (150 minutos de ejercicio moderado por semana y charlas del buen comer). El grupo que realizó  cambios de hábitos presentó la menor incidencia de diabetes a los cuatro años de la investigación y, además, posteriormente se concluyó que era el tratamiento con mejores resultados y el más económico.

A la fecha, existe evidencia científica respecto de los efectos benéficos del ejercicio físico en los pacientes diabéticos, como el aumento en la sensibilidad insulínica, disminución de la hemoglobina glicosilada y del peso corporal, aumento de la lipoproteínas de alta densidad, disminución de las lipoproteínas de baja densidad, aumento en la densidad ósea, control de la presión arterial y mejor manejo del estrés.

Pero, ¿cuáles son las características que debe tener el ejercicio físico para que éste sea terapéutico en los pacientes diabéticos tipo 2? Según la Asociación Americana de Diabetes, se debiese considerar al menos dos sesiones semanales de ejercicios de fuerza y cuatro de ejercicio aeróbico, con duraciones de 30 a 60 minutos cada una, realizadas antes de las 18:00 horas para prevenir una posible hipoglicemia nocturna.

Al momento de indicar ejercicio terapéutico en los pacientes diabéticos, hay que explicar la importancia vital de éste. Más del 40% de la composición corporal de los humanos corresponde a tejido muscular esquelético, que es muy activo metabólicamente. Es por ello que su inactividad equivale a «atrofiar» el 40% de nuestro cuerpo y disminuir enormemente la utilización de sustratos energéticos. Esto es particularmente grave para el diabético, que justamente se caracteriza por una ineficiente metabolización de sustratos energéticos, principalmente glucosa y lípidos. En éste, la falta de ejercicio se traducirá en un peor control metabólico, complicaciones crónicas y, en términos generales, una calidad de vida desmedrada.

 

Por:

- Kabir Sadarangani K., Mg. Salud y Sociedad, Administración en Salud y Epidemiología University College London.

- Astrid von Oetinger G., Magister en ciencias biológicas mención fisiología, Universidad de Chile.