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Escrito por: Cecilia Morel
Presidenta Fundación Chile Vive Sano

Temática

Publicado el

26 de Mayo de 2016

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Foto: Bajo licencia Creative Commons / www.theimportanceofbeinganaliment.blogspot.cl
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Hace ya varias décadas que la educación dejó de abordarse como un proceso pedagógico centrado en el aprendizaje de memoria de conocimientos, debido a los grandes cambios culturales de la modernidad, especialmente la tecnología 2.0 por un lado y la prolongación de la vida por otro.

El informe Edgar Faure auspiciado por la UNESCO en 1972, sintetiza en cuatro los pilares de educación: «Aprender a conocer», «Aprender a hacer», «Aprender a vivir juntos» y «Aprender a ser». Este último pilar busca contribuir al desarrollo integral de la persona –cuerpo, mente inteligencia, sensibilidad, sentido estético, responsabilidad individual y espiritualidad– y pretende conferirle a los seres humanos las herramientas para que alcancen su plenitud y para que sean artífices, dentro de lo posible, de su propio destino. Es llamativo que este planteamiento, hecho hace casi medio siglo, tenga tanta vigencia en la actualidad, dada la importancia que tendrá para los niños que les toca desarrollarse en el siglo XXI.

¿Ha pensado cuántos de sus alumnos van a vivir en torno a los 100 años? Según el informe World Population Prospects: 2015 Revision de la Organización de las Naciones Unidas, Chile aparece como el sexto país con mayor esperanza de vida al nacer –84,8 años– para el período comprendido entre los años 2025 y 2030, cifra que incluso podría llegar hasta los 93,5 años al 2100. ¡Casi un siglo de existencia!

En la Fundación Chile Vive Sano –abocada a la prevención y al autocuidado respecto a la salud física y mental– tenemos un compromiso irrestricto con la promoción de hábitos saludables en la formación escolar. Debemos generar conciencia sobre la importancia del propio cuidado. El gran desafío ya no es vivir más, sino que tener una mejor calidad de vida en la vejez. 

Y esto lo logramos fundamentalmente previniendo las enfermedades crónicas no transmisibles, que son las mayores causantes de morbilidad y mortalidad en Chile. Aquí se juega, además de la salud de cada cual, el desarrollo socio-económico y cultura de nuestro país.

Publicado en: 
Revista Ventanal