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Escrito por: Valentina Cruz
Nutricionista Chile Vive Sano

Publicado el

14 de Abril de 2015

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Educar a los hijos es un acto de amor, pero quizás una de las tareas más complejas que enfrentan los adultos en su rol de padres. Saber fijar límites, formar la disciplina, establecer horarios, dejarlos experimentar por ellos mismos, enseñar el respeto a la autoridad y tantos otros aspectos más… como la formación de hábitos alimenticios.

En este último, el acto de educar tempranamente es imprescindible. Por eso, los padres deben realizar acciones cotidianas que ayuden en esta gran tarea, que abarca tanto la dimensión física y psicosocial de los niños.

Se debe enseñar el porqué –¿Por qué tengo que comer pollo con arroz en vez de hamburguesas?, ¿Por qué es importante comer pescado?­–, con el fin de que todo nazca del querer y no del deber. Los invitamos a no limitarnos al tradicional “¡Te tienes que comer todos los porotos o no te paras de la mesa!”, sino que a crear una nutrición con sentido, en la que la motivación y el autocuidado estén por delante. Por eso es muy importante plantear esta tarea desde un enfoque positivo y alegre, que motive a los niños a alimentarse saludablemente, evitando enseñar desde el miedo a engordar. Además, debemos ayudar a los menores a distinguir entre el hambre y las ganas de comer, ambos frecuentemente mezclados.

Otro desafío en esta gran labor es usar la creatividad como una herramienta a nuestro favor. Hacer que la comida saludable no sea aburrida ni rutinaria, porque una alimentación equilibrada y sana es mucho más que la clásica ensalada de lechuga, tomate o pepino. Es necesario dejar entrar la variedad y la originalidad en nuestras dietas, ocupando figuras, colores, cuentos, texturas, historias y platos atractivos para que comer sano sea entretenido y una experiencia grata.

También es importante no utilizar la comida chatarra para recompensar, premiar o compartir experiencias entretenidas, ya que claramente originamos una asociación psicológica “comida chatarra= entretención”. En contraste, con creatividad se puede realizar lo mismo pero con alimentos sanos o actividades familiares al aire libre.

Por último, en la formación de los menores, el ejemplo es fundamental… ¡practique con él! Los niños aprenden por la vista, así que por mucho que los padres hablen de los beneficios de las  frutas y verduras, no van a comerlas si no ven a un adulto consumirlas entusiastamente. Así que… ¡manos a la obra! La educación es una tarea que abarca todos los ámbitos de la vida, incluso la alimentación y nutrición. Porque cuando hablamos de la salud de nuestros hijos, siempre será mejor prevenir –educar– que curar.