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Escrito por: Pedro Prieto Hontoria
Nutricionista-Dietista e Ingeniero en Alimentos

Temática

Publicado el

16 de Junio de 2015

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El embarazo es una etapa de vital importancia, donde tienen lugar múltiples procesos y la preparación para la vida extrauterina. Así, los primeros 1.000 días de vida -270 días de embarazo más los 2 siguientes años de vida- son fundamentales para la salud del bebé. Por ello, las animo a cuidar la alimentación durante la gestación y así no modificar el futuro del hijo predisponiéndole a una mayor probabilidad de ser obeso o de enfermedades asociadas.

En estos 1.000 días se conforman los órganos, tejidos y se definen las funciones y se influyen en la genética o epigenética del individuo. La nutrición juega un papel relevante en estos primeros días de vida, ya que diferentes estudios muestran cómo una mala alimentación durante el embarazo influye en una mayor incidencia de enfermedades cardiovasculares, obesidad y diabetes.

El grupo EpiGen público en el año 2011 un estudio que mostraba que el impacto de una dieta baja en hidratos de carbono durante el embarazo se relacionaba con cambios químicos en partes del ADN del bebé, y que éstos pueden derivar en un mayor riesgo de estos niños a tener sobrepeso u obesidad.

Un reciente artículo publicado en la prestigiosa revista Nature Communications, de Domínguez-Salas y colaboradores, realizado en una población rural de Gambia donde tienen patrones alimentarios muy dependientes del clima, muestra cómo la dieta de la madre, antes de la concepción, tiene un efecto significativo en las características epigenéticas del ADN del hijo, con un silenciamiento de los genes. Así, los bebés que son concebidos en la estación húmeda presentan mayor metilación en los genes analizados (se modifica el ADN) y se relaciona con el nivel de nutrientes “clave” en la sangre como el ácido fólico, vitaminas B2, B6 y B12, colina y metionina, que se adquieren a través de la dieta y sobre todo de las frutas, verduras y legumbres. Así, la “maquinaría genética” se puede ver interrumpida por los déficit nutricionales y conducir a una enfermedad o mayor prevalencia de obesidad.

Estos estudios se han visto corroborados por otras investigaciones como la publicada en Science, por Radford y colaboradores, que muestran en un modelo animal que el "recuerdo" de la nutrición durante el embarazo puede pasarse a través del esperma de los hijos varones a la siguiente generación, aumentando el riesgo de enfermedad en sus nietos también, pero no se transmite de forma indefinida en la descendencia.

Otra investigación publicada hace pocos días en la revista Journal of the American Society of Nephrology muestra que la obesidad de la madre puede provocar el desarrollo de una enfermedad renal crónica infantil. Por último, el estudio del epigenoma humano, que relaciona el medio ambiente con la expresión de los genes, está cobrando gran relevancia, como manifiesta un especial de la Revista Nature de mayo de 2015 que muestra los epigenomas de dieciocho órganos, lo cual va a servir para entender mejor el desarrollo de la salud o enfermedad debido a estas marcas de metilación que se pueden modificar debido a nuestra buena o mala alimentación.

Las evidencias científicas y la bibliografía más actualizada nos muestran que durante el embarazo es esencial seguir una alimentación con una gran variedad de alimentos, sobretodo de origen vegetal y una dieta equilibrada, donde se limiten las grasas saturadas y los azúcares refinados para prevenir estos cambios epigenéticos. En este sentido, no negaremos la importancia de la alimentación de la madre durante el embarazo, aunque no debemos olvidar que también los hábitos del padre influyen, y factores como el hambre, el estrés y la exposición a contaminantes pueden afectar al bebé. No debemos olvidar que comer en exceso o hacerlo deficitariamente supone un castigo para la guagua en gestación.